
2008 fue el año de la crisis financiera internacional debido al colapso en los EE.UU. De Norteamérica de la llamada “burbuja inmobiliaria”, que afecto el sistema financiero estadounidense, trasladándose luego esta al sistema financiero internacional creando una profunda crisis de liquidez y causando, indirectamente, otros fenómenos económicos como derrumbes bursátiles, una crisis alimentaria global, y en conjunto, una crisis económica internacional de la que el Perú no fue ajeno.
Pero ¿cómo se llego a esta situación?. La respuesta está en una economía de mercado sin valores éticos que se aprovecho de las políticas públicas de los EE.UU, de apartarse de la regulación y de la intervención estatal económica en nombre de la liberación del comercio. Esto propició que poderosas corporaciones financieras realizaran-en muchos casos- operaciones ilegales y/o poco éticas donde el principal objetivo era el de maximizar sus ganancias si tener en cuenta las consecuencias de estas acciones en la economía.
Sin embargo y paradojicamente, esta situación vuelve a poner en la agenda mundial el tema de la responsabilidad social empresarial (RSE), que durante décadas sostuvo que la única responsabilidad de las empresas era generar beneficios y rendir cuentas solo a sus dueños, lo que se denominó etapa de las “empresas narcisistas”.
Muchas empresas han superado esta etapa y avanzaron hacia una etapa “filantrópica”, pero desde una óptica de caridad a través de donaciones hacia su comunidad. Sin embargo, lo que la sociedad necesita hoy en día de las empresas, es más una forma de hacer negocios que tome en cuenta los efectos sociales, ambientales y económicos de su accionar. Es decir, se espera que las empresas replanteen su rol frente a la sociedad y se inserten plenamente en las problemáticas sociales (trabajo infantil, mortalidad materna,etc) pero no como una estrategias de marketing, pues la RSE no se puede definir solamente a partir de lo que la empresa considera que es “bueno” para la sociedad sino como una política corporativa central en la que ganarán todos(empresas, consumidores, comunidad); solo así las empresas asumirán su rol como motor esencial del desarrollo de la sociedad desde una perspectiva ética que las lleve incluso, a ser consideradas por las comunidades donde actúan como instituciones sociales claves para su desarrollo.
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